12 Asesinos del Matrimonio

Mi consejo a las parejas jóvenes es simplemente éste: No permitan que la posibilidad del divorcio entre en sus pensamientos. Incluso en momentos de gran conflicto y desaliento, el divorcio no es la solución. Sólo sustituye una nueva serie de sufrimientos por los que quedan atrás.

Guarden su relación de la erosión como si estuvieran defendiendo sus propias vidas. Sí, ustedes pueden lograrlo juntos. No sólo pueden sobrevivir, sino que pueden mantener su amor vivo si le dan prioridad en su sistema de valores.

Cualquiera de los siguientes males pueden destruir su relación si les dan lugar en sus vidas:

1. El exceso de trabajo o compromisos y el agotamiento físico

Cuidado con este peligro. Es especialmente insidioso en las parejas jóvenes que están tratando de comenzar en una profesión o todavía están estudiando. No traten de estudiar, de trabajar a tiempo completo, de tener un bebé, de manejar a un niño pequeño, de hacer reparaciones en la casa, y de comenzar un negocio, todo al mismo tiempo. Suena ridículo, pero muchas parejas jóvenes hacen exactamente eso y luego se sorprenden cuando su matrimonio se viene abajo.

¿Por qué no habría de ser así? ¡El único momento en que se ven es cuando están agotados! Es especialmente peligroso cuando el esposo es el que tiene demasiados compromisos o trabajo, y la esposa está todo el día en casa con un hijo en edad preescolar. La profunda soledad de ella da lugar al descontento y a la depresión, y todos sabemos a dónde lleva eso. Deben reservar tiempo el uno para el otro si quieren mantener su amor vivo.

2. Las deudas muy grandes y el conflicto en cuanto a cómo se gastará el dinero

Paguen en efectivo por los artículos de consumo, o no los compren. No gasten más de lo que pueden por una casa o por un automóvil, dejando muy pocos recursos para salir juntos, para viajes cortos, para personas que cuiden a los niños, etc. Distribuya sus fondos con la sabiduría de Salomón.

3. El egoísmo

Existen dos tipos de personas en el mundo, los que dan y los que toman. Un matrimonio entre dos personas que dan puede ser algo bello. Sin embargo, la fricción está a la orden del día entre una persona que da y otra que toma. Pero dos personas que toman pueden darse zarpazos la una a la otra hasta hacerse trizas dentro de un período de seis semanas. En resumen, el egoísmo siempre devastará un matrimonio.

4. La interferencia de los suegros

Si el esposo o la esposa no se ha emancipado totalmente de los padres, lo mejor es no vivir cerca de ellos. La autonomía es algo difícil de conceder para algunas madres (y padres), y el estar muy cerca será causa de problemas.

5. Las expectativas poco realistas

Algunas parejas llegan al matrimonio esperando cabañas cubiertas de rosas, una vida sin preocupaciones ni responsabilidades y un gozo ininterrumpido. La consejera Jean Lush cree, y yo estoy de acuerdo con ella, que esta ilusión romántica es particularmente característica de las mujeres norteamericanas que esperan más de sus esposos de lo que ellos son capaces de dar. La decepción consiguiente es una trampa emocional. Pongan sus expectativas en línea con la realidad.

6. Los invasores del espacio

No me refiero a extraterrestres de Marte. Más bien, mi preocupación es por las personas que violan el espacio para funcionar que su cónyuge necesita, sofocándolo rápidamente y destruyendo la atracción entre ellos. Los celos son una manera en que este fenómeno se manifiesta. Otra es la baja autoestima, la cual lleva a que el cónyuge inseguro se inmiscuya en el territorio del otro. El amor debe ser libre y confiado.

7. El abuso del alcohol y de otras sustancias químicas

Éstos son asesinos, no sólo de los matrimonios, sino también de las personas. Evítenlos como a la plaga.

8. La pornografía, los juegos de azar y otras adicciones

Debe ser obvio para todos que la personalidad humana tiene imperfecciones. Tiene la tendencia a quedar atrapada en comportamientos destructivos, especialmente cuando se es joven. Durante una etapa inicial, las personas creen que pueden jugar con tentaciones tales como la pornografía o los juegos de azar sin salir dañadas. De hecho, muchos se alejan casi sin haber sido afectados. Sin embargo, para algunos existe una debilidad y una vulnerabilidad que se desconoce hasta que es demasiado tarde. Entonces se vuelven adictos a algo que rasga la fibra de la familia.

Tal vez esta advertencia les parezca tonta e incluso mojigata a mis lectores, pero he hecho un estudio de veinticinco años de duración sobre personas que arruinaron sus vidas. Sus problemas a menudo comienzan con la experimentación con un mal conocido y finalmente terminan en la muerte física o la muerte del matrimonio. Las restricciones y los mandamientos de las Escrituras se han diseñado para protegernos del mal, aunque es algo difícil de creer cuando somos jóvenes. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Si mantenemos nuestras vidas limpias y no nos permitimos jugar con el mal, las adicciones que han hecho estragos en la humanidad nunca nos podrán tocar.

9. La frustración sexual, la soledad, la baja autoestima y la quimera de la infidelidad ¡Una combinación mortal!

10. El fracaso en los negocios

En especial, el fracaso en los negocios afecta adversamente a los hombres. Su inquietud por los reveses financieros algunas veces se muestra en ira dentro de la familia.

11. El éxito en los negocios

Es casi tan peligroso tener mucho éxito en los negocios, como lo es fracasar rotundamente en ellos. El autor de Proverbios dijo: “No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan necesario” (30:8).

12. Casarse demasiado jóvenes

Las chicas que se casan entre los catorce y los diecisiete años de edad tienen el doble de probabilidades de divorciarse que las que se casan a los dieciocho y diecinueve años. Las que se casan entre los dieciocho y los diecinueve años tienen una vez y media más de probabilidades de divorciarse que las que se casan entre los veinte y los treinta años.

Las presiones de la adolescencia y las tensiones de los primeros años de vida matrimonial no hacen un buen dúo. Terminen lo primero antes de emprender lo segundo.

Éstos son los asesinos del matrimonio que he visto más a menudo. Pero, en verdad, la lista es prácticamente interminable. Todo lo que se necesita para que crezcan las malas hierbas más fuertes es una pequeña grieta en la vereda. Si van a vencer la ley de las probabilidades en relación al divorcio y mantener una unión matrimonial estrecha a largo plazo, deben emprender la tarea con seriedad. El orden natural de las cosas los alejará el uno del otro, no los unirá.

¿Cómo vencerán la ley de las probabilidades? ¿Cómo formarán una relación sólida que dure hasta que la muerte los haga emprender el último viaje? ¿Cómo se incluirán ustedes entre el número cada vez más reducido de parejas de mayor edad que han cosechado toda una vida de recuerdos y experiencias felices? Aun después de cincuenta o sesenta años de casados, todavía se buscan mutuamente para darse aliento y comprensión. Sus hijos han crecido dentro de un ambiente estable y amoroso, y no tienen cicatrices emocionales o recuerdos amargos que borrar. A sus nietos no se les tiene que explicar con delicadeza por qué “los abuelos ya no viven juntos”. Sólo el amor prevalece.

Así es como Dios quería que fuera, y todavía sigue siendo algo posible que ustedes pueden alcanzar. Pero no hay tiempo que perder. Refuercen las riberas del río. Defiendan el fuerte. Traigan las dragas y hagan más profundo el lecho del río. Mantengan las poderosas corrientes en sus propios cauces. Sólo esa medida de determinación mantendrá el amor con el que comenzaron, y hay muy poco en la vida que compita con esa prioridad.

Fuente: Dr. James C. Dobson, Ph.D.

¿Qué enseña la Biblia acerca del Matrimonio?

El matrimonio es una sociedad permanente entre un hombre y una mujer. Está en la Biblia, Mateo 19:5-6, “. el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

¿Cómo deben relacionarse los esposos con sus esposas? Está en la Biblia, Efesios 5:25-28, “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”.

Los esposos deben honrar a sus esposas. Está en la Biblia, 1 Pedro 3:7, “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

¿Cómo debe la esposa relacionarse con su esposo? Está en la Biblia, Efesios 5:22-24, “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”.

¿Significa eso que la esposa debe hacer todo lo que el marido quiera? ¡No! El matrimonio requiere sumisión por parte de los dos. Está en la Biblia, Efesios 5:21, “Someteos unos a otros en el temor de Dios”.

¿Qué consejo prohíbe el abuso físico o verbal hacia la esposa? Está en la Biblia, Colosenses 3:19, “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”.

Para tener éxito en su matrimonio, arregle cualquier malentendido inmediatamente. Está en la Biblia, Efesios 4:26, “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.

Mantenga la relación creciendo en unidad y entendimiento. Está en la Biblia, Efesios 4:2-3, “Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

¿Cómo debe la sociedad ver el matrimonio? Está en la Biblia, Hebreos 13:4, “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios”.

¿Cuáles mandamientos de Dios protegen el matrimonio? El séptimo y el décimo. Está en la Biblia, Éxodo 20:14, 17, “No cometerás adulterio”, y “No codiciarás la mujer de tu prójimo”.

¿Cuál es la única razón aceptable que Jesús dio para poner fin a un matrimonio? Está en la Biblia, Mateo 5:32, “Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”.

¿Cuánto tiempo debe durar el matrimonio? Está en la Biblia, Romanos 7:2, “Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido”.

¿Qué instrucción se da acerca de la persona con quién casarse? Está en la Biblia, II Corintios 6:14, “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

El romance y el don de la sexualidad son bendecidos por Dios cuando se ejercen dentro de los vínculos del matrimonio. Está en la Biblia, Proverbios 5:18-19, “Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre”.

¿Por qué enseñarle a su hijo a Orar?

Por qué enseñarle a su hijo a orar

Autor: Rick Osborne

¿Qué ventajas les proporciona a nuestros hijos una vida de oración regular y constante? ¡Muchas! Las ventajas fluyen de esa relación con Dios. La Biblia, la Palabra de Dios, claramente describe varios de esos beneficios, que van desde una mejor vida interior hasta el enaltecimiento y la honra.

1. Una mejor vida interior

Cuando les enseñamos a nuestros hijos a orar, ellos aprenden en cuanto al gozo y a la paz que está a su disposición. Ese gozo y esa paz exceden todo lo que podemos ofrecerles personalmente, porque Dios, a diferencia de nosotros, siempre está allí para escucharnos y ayudarnos. Tenemos la promesa de perfecta paz (Isaías 26:3), el gozo de la presencia de Dios que echa fuera el temor (Salmos 21:6, 7), y una razón para tener un corazón alegre (Salmos 105:3).

Dos autores del Nuevo Testamento describen el gozo y la paz que vienen a través de la oración:

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido (Juan 16:24, cursivas añadidas en este texto y en los que siguen, para propósitos de énfasis).

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6, 7).

2. Crecimiento personal

Todos los padres desean el crecimiento personal para sus hijos. Queremos que nuestros hijos e hijas crezcan en entendimiento, sabiduría y en la plenitud de Dios. A través de la oración, nuestros hijos pueden tener ese crecimiento:

Si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia (Proverbios 2:3-6).

Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:19, ver también Salmos 119:26 y Jeremías 33:3).

3. Fortaleza y valor

Tal vez los temores de nuestros hijos parezcan tontos a veces, pero son reales. Y a medida que nuestros hijos crecen hasta llegar a ser adolescentes y adultos, los temores no se van; sólo cambian en cuanto al tipo. Al darles a nuestros hijos el recurso de la oración, les proveemos la fortaleza, incluso el valor, para enfrentar su mundo. Las Escrituras describen las respuestas que vienen a través de la oración:

Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados (Salmos 34:4, 5).

El día que clamé, me respondiste; me fortaleciste con vigor en mi alma (Salmos 138:3, ver también 1 Crónicas 16:11; Lamentaciones 3:57 y Hechos 4:31).

4. Protección y auxilio de daño y mal


Muchos problemas amenazan a nuestros hijos hoy, desde los crímenes violentos hasta el abuso de las drogas. También está la amenaza de la influencia del mal. A través de nuestras oraciones y de las de ellos, vienen la protección y la liberación del daño:

Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias (Salmos 34:17, ver también Salmos 22:4 y Mateo 6:13).

5. Propósito, guía y dirección para sus vidas

Dios desea que nosotros y nuestros hijos clamemos a Él pidiéndole Su guía y Su dirección en nuestras vidas. Él tiene un propósito para cada uno de nosotros, y promete cumplirlo cuando se lo pedimos:

Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece (Salmos 57:2, ver también Proverbios 3:4-6 y Santiago 1:5).

6. Provisión


Nuestros hijos oran a un Padre amoroso, que tiene tanto el deseo como el poder de concederles todo lo que ellos necesitan (y a nosotros también). Todo lo que deben hacer es pedir Su provisión. Como Jesús les dijo a sus oyentes: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:9-11).

He aquí dos pasajes del Nuevo Testamento que toman nota de cómo nuestro Dios de gracia les dará a aquellos que lo buscan:

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6:31-33).

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:32).

7. Se nos conceden nuestros deseos


Otro beneficio de la oración es que Dios nos concede nuestros deseos. A través de la oración y de una relación cada vez más profunda aprendemos a deleitarnos en Dios y Él comienza a concedernos los deseos de nuestro corazón:

Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón (Salmos 37:4, ver también Salmos 21:2 y Proverbios 10:24).

8. Ayuda y aliento

Nuestros hijos, a través de sus oraciones, pueden encontrar ayuda y aliento para sus actividades diarias. Como Padre, Dios escucha, consuela y derrama gracia sobre nuestros hijos cuando ellos oran a Él:

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Hebreos 4:16, ver también Salmos 10:17).

9. Enaltecimiento y honra

Finalmente, Dios exalta y honra a aquellos que lo honran a Él:

Porque ni de oriente ni de occidente, ni del desierto viene el enaltecimiento. Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece (Salmo 75:6, 7, ver también 1 Samuel 2:7).

Humillaos delante del Señor, y él os exaltará (Santiago 4:10).

Si yo le dijera a usted: “Tengo el secreto que le ayudará a criar hijos que tengan paz interior, que siempre estén creciendo personalmente, que sean valientes, que tengan un carácter firme, que se mantengan lejos de los problemas y que eviten el mal a toda costa”, ¿no le gustaría saber ese secreto? Si ese secreto también les diera a sus hijos un sentido sólido de dirección y propósito (todo el que necesitan y un poco más), y que sus amigos y compañeros los honraran y tuvieran muy buena opinión de ellos, ¿no querría usted saberlo?

El secreto es simple: Enséñeles a orar.